Mª del Rosario Catells Vila

Nada tan grato a mi corazón, como poder presentar la obra de la conocida pintora coruñesa María del Carmen Calviño.

Dotada de exquisita personalidad pinta cuadros idealmente bellos, montañas agrestes, cumbres envueltas en suaves brumas, contrastes de luz y color que admiten las licencias del ensueño, la imaginación y la fantasía.

El arte es el primer mensaje del hombre a la colectividad y uno de los auténticos valores del espíritu, ya que la pintura posee vida propia que emana del alma del pintor.

En toda la obra de Mary Carmen Calviño se observa una evolución lenta, pasando del realismo inicial, basado en depurada técnica del dibujo, al impresionismo con fuertes contrastes de sombra y color, que es la consecuencia lógica de la luz, ofreciendo al espectador un conjunto armónico de singular belleza.

Resulta difícil comprender el mundo exterior, las vivencias arrastran y dan paso a un sentimiento de ternura. Con razón dijo Amiel: "El paisaje es un estado del alma".

Las creaciones que admiramos son irreales, los paisajes no pueden ser habitados por el hombre. Primeros planos con árboles frondosos, rocas volcánicas, ríos de estancadas aguas y picos agrestes que sobrepasan el nivel de las nubes, en el ansia de acercarse a Dios... Evocan la obra suprema del Creador, sometiendo el caos geológico al orden del Universo.

Mary Carmen se complace en pintar temas variados: flores exóticas de intenso colorido, naturalezas muertas, frutos frescos que sienten la añoranza de la madre tierra, mariñas de espumosas y encrespadas aguas... La inspiración no se busca, brota como el sueño sometido a la inteligencia.

En todos sus cuadros hay continuidad y armonía que busca a la belleza lo mismo que el volumen a la forma... Son ventanas que abren al mundo exterior en que vivimos... un legado espiritual para todos los que amamos la belleza y el arte.