Alfonso Gallego Vila

La inmóvil belleza de un lírico realismo.

La consagrada pintora, María del Carmen Calviño, sueña el paisaje, después de un hondo y largo caminar por los dorados atajos de la tierra fragante. Carmen Calviño, es como una diosa celta, amando con mesura, las áureas cumbres, donde los vientos se aquietan en sorprendente milagro de color y frescura.

Nada queda sin analizar, en el geométrico y riguroso silencio de su taller. Hay una magia musical y creativa en el íntimo estudio de evocaciones gloriosas, donde la pintora anatomiza, toda la grandeza y esplendor del paisaje con mano firme de experta cirujana.

Carmen Calviño, es una alquimista o narradora de sueños en hermosos colores, que nos llevan de su inmutable mano, a paraísos de vida, donde el azul es golondrina marina que vuela por la infinita nostalgia de sus analíticos ojos.

Recuerdo el comentario de un admirador de su obra plástica, verdaderamente entusiasmado pro la belleza de sus cielos visibles, más allá de lo incuestionable. Recuerdo la expresión de su rostro y la voz emocionada, poética y culta, hablando profundamente conmovido por la cósmica pureza de una claridad indescriptible, rendida sobre un mar esmeraldino a mitad de la tarde y de la altura.

La océana mar agéntea de la admirada pintora, arropaba la verde y bellísima desnudez del paisajes flotante como un sueño inmenso, sobre la no desconocida llanura del enorme silencio, no desconocido y ya vivido en otro lugar y en otra estancia, en otra permanencia, en otra tarde de mar imperecedero.

En todos los cuadros de Carmen Calviño, hay un mundo vivo, eternamente incorrupto, donde la densa oscuridad invade los recintos espaciosos de los enervantes frutos, donde la palabra tiene gusto a fresa o rosa silvestre, donde todo es todo y es un pasado perturbable, imperecedero.

El alma de esta artista, siempre fiel a sí misma, brota de la tierra, como un diáfano y cristalino manantial, para permanecer en nuestros ojos, como la Carmen Calviño, no siempre es igual. Carmen Calviño no vende por compromisos sociales, ni por su idea política. Carmen Calviño vende por su integridad, por rectitud y cabal quehacer.

Aplaudo a la pintora, con entusiasmo y arrebatado de pasión y fervor, le agradezco profundamente el clásico ondear de su estandarte en la vorágine plateada de los vientos terrestres y marinos.

Desde mi corazón, puente levadizo a la más bella fortaleza del arte, te deseo, os deseo a todos los artistas del mundo, vida, larga vida fructífera, porque la vida es un regalo y una bendición.

En homenaje a Carmen Calviño
Cuando regresamos y no hay vuelta jamás de las cosas vividas,
Quisiera ser amortajado con los blancos encajes de bolillos marinos;